Uruapan una víctima más de los riesgos de la riqueza

Uruapan una víctima más de los riesgos de la riqueza

Los desastres sociales a partir de los fenómenos naturales han sido una constante en nuestra sociedad y, según datos oficiales, cada vez son más frecuentes y más costosos; tanto en términos económicos y materiales, como en vidas humanas. Esto sin duda obedece a una multiplicidad de factores, no obstante, cada época de lluvias y huracanes nos muestra que tan vulnerable es nuestra sociedad ante fenómenos naturales.

Pero más aún, también se nos muestra que cada vez somos más vulnerables ante este tipo de fenómenos, ya ocurrió en Angangueo en febrero de 2010, el desastre tuvo un costo de remediación por parte del gobierno estatal y el gobierno federal, que superó los 450 millones de pesos. La degradación de las zonas boscosas fue causa de un deslizamiento que costó vidas y pérdidas materiales. Ahora un episodio semejante ocurre en Uruapan, en el cual nuevamente las lluvias ocasionan un desastre mayor. ¿Cuál es el fondo de éstas situaciones? El cambio de uso de suelo sin duda tiene algo que ver al respecto.

El sociólogo Ulrich Bech refería en su libro “La sociedad del riesgo hacia una nueva modernidad”, una sociedad que a medida que produce más riqueza, también produce más riesgos, sin embargo el reparto de la riqueza dista mucho del reparto de los riesgos. Para referirnos al caso específico de Uruapan, que hace unos días fuese declarado como zona de desastre y ante lo cual, vale la pena preguntarse ¿Quién(es) pagará(n) el desastre ocasionado por la deforestación? y ¿Quiénes se benefician de ello?

Los beneficios del aprovechamiento de recursos se privatizan y se consolidan para un sector social, en tanto que los costos los terminamos pagando todos, mediante el gasto público. No obstante, el sector más vulnerable pierde parte de su patrimonio y tiene el mayor costo. Así, la deforestación y tala inmoderada para sembrar árboles de aguacate es la fuente de riqueza para unos y de desgracia para otros. Nuevamente en estos casos podemos apreciar un ejemplo de costos ocultos (costos sombra), aquéllos que no contempla la oferta y demanda de madera o beneficios de la agricultura; en el caso que nos ocupa.

Así podríamos decir que cuando se degradan los recursos naturales, para buscar más beneficios económicos, también se incrementan los riesgos y los costos ocultos, a la vez que las familias menos favorecidas, tienen pocas oportunidades de acceder a lugares de bajo riesgo y con ello son aún más vulnerables. Bajo estos escenarios lo más natural es que ocurran desastres sociales cada vez con más frecuencia en distintas ciudades del país.

Estas situaciones ponen en evidencia la falta de sistemas de planeación y ordenamiento territorial que salvaguarden el patrimonio e integridad de todos los habitantes. Los riesgos, no se evitan pero si se gestionan, se administran y se pueden reducir su mínima expresión si se mejoran las capacidades resilientes de los distintos estratos sociales. También el reparto más equilibrado de la riqueza reduce enormemente las probabilidades de ocurrencia de desastres sociales, que parecen ser cada vez más naturales para nuestra sociedad.

Por: Dr. Carlos Francisco Ortiz Paniagua (ININEE-UMSNH).

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