La Razón de Estado 4a parte

La Razón de Estado 4a parte

En este huracán de ideas valiosas que he venido encontrado en Giovanni Botero, resalto ahora aquella en la que recomienda al Príncipe no perder el respeto de su pueblo designando funcionarios a personas sin oficio ni talento para los cargos; porque es un descuido que afecta su reputación. Recuerda que el Rey Luis XI de Francia designo a su barbero embajador ante la sorpresa y burla popular y que Antíoco Rey de Soria nombró a su Médico “Cabeza del Consejo de Estado”; Pues, asegura que “la reputación se forma de sustancias mentales específicas y no de apariencias. Y si tiene demasiados errores, la reputación dura poco”.

Sostiene que el Príncipe debe mantener siempre excelente relación con los dirigentes religiosos “porque la religión es la que hace a los vasallos obedientes a su Señor… animosos en las acciones y atrevidos en los peligros”. Visionario, Botero dice que la religión, somete los cuerpos, ánimos y las conciencias… controla las manos y los pensamientos y que los súbditos religiosos difícilmente “perturban la paz”.

Recomienda al Príncipe tener siempre un  punto de mesura; moderar públicamente sus deleites y fiestas, sin descuidar su función de gobierno, porque la historia demuestra que “los príncipes no vencidos por el hierro, han sido vencidos por el placer… y se vuelven descuidados cuando han logrado prosperidades”. Reitera Botero que el principal instinto del Estado “es su conservación” y por ello el gobernante debe procurar que el pueblo no tenga causas para “perturbar la paz pública, la autoridad y la majestad del Príncipe”. Debe cuidarse en cambio de quienes “tienen pretensión a la corona, porque accionan despojados de su naturaleza humana”.

Para gobernar pues; dice Botero, el Príncipe debe tener formas y contenidos de valor para el pueblo, pues transmiten “la firmeza del Estado”. Un Príncipe sin prestigio personal, dice el italiano, “sería como un cuerpo compuesto de carne y pulpa, pero sin huesos ni nervios y eso sería su principal desgracia, pues moriría tempranamente o fácilmente caería”. Con un Príncipe así “el pueblo se confunde, se siente desamparado y fácilmente se rinde, admirando a los enemigos de su Príncipe débil”. Eso y más dice Botero. Por hoy es todo. *Doctorante en ciencia política.

Por: Efraín Flores Maldonado

Prev En Zihuatanejo tendremos siempre playas limpias: Presidente Municipal
Next Gotas de Historia