La Razón del Estado

La Razón del Estado

“Mucho importa la inteligencia y prontitud del ingenio en los casos repentinos, por que se asegura la victoria”. Giovanni Botero.

Giovanni Botero nace en Bene, Italia en 1544 y muere el 23 de junio de 1617 a los 73 años de edad. Con autentica sorpresa, me duele advertir que en la bibliografía de la ciencia política, es un personaje injustamente olvidado y escasamente leído a pesar de haber escrito formidables obras de relevancia intelectual, entre las cuales se encuentran: “Causas de la grandeza y magnificencia de las Ciudades”; “Sapiencia Real” y finalmente “La Razón de Estado” a la que me referiré sintéticamente en esta entrega para Usted estimada y estimado lector. La obra fue publicada en 1589 en italiano y en 1603 se traduce al antiguo castellano, que es a la que tenido acceso y que dificultosamente e digerido y sintetizado para esta entrega. Inicia el autor señalando, que la “Razón de Estado” está constituida por “Los medios convenientes para fundar, conservar y engrandecer un señorío”.

Llama señoríos naturales a los que son alcanzados por voluntad expresa de los vasallos; conquistados a los que son adquiridos por la violencia de las armas. Advierte en la importancia que tiene la unidad entre soberano y gobernados, “haciendo un cuerpo continuo” que les permite no ser agredidos por otra potencia vecina, pues si son agredidos pueden resistir y rechazar al pretendido invasor. Señala que un Estado puede perderse por causas interiores o exteriores; entre las interiores destaca, “la ineptitud, los excesos y las  corrupciones de los príncipes” y como externas: las invasiones de vecinos poderosos que subyugan a príncipes y pueblos débiles por pequeños o divididos internamente.

Destaca que específicamente la deshonestidad es la que engendra “aborrecimiento y menosprecio por su señor”. Siendo adquiridos los Estados de manera natural o por la fuerza, dice el autor, que invariablemente los Estados solo se conservan si el príncipe actúa con sabiduría, “pues la fuerza es común a muchos y la sabiduría siempre está en pocos soberanos, que al poseerla, están dotados en la opinión del pueblo, de reputación”. Botero previene a los gobernantes no permitir que el poder se les agriete por “la soberbia, arrogancia y ambición irracional… porque entonces se vuelven fanfarrones, desprecian el pensamiento crítico, prefieren la lisonja y solo buscan riquezas y no virtudes”. A estos defectos del príncipe, Botero les llama vicios “que algunas veces los hacen caer o ser derrocados”.

Recomienda no creerse “supuestas grandezas, porque ello los conduce al descuido, perdida de reputación y autoridad y por esa vía empiezan a ser vistos con desprecio”. El autor dice que un príncipe con reputación siempre genera paz y quietud en los vasallos y por ello debe cuidarse siempre de mostrarse ante su pueblo como valioso y nunca “como gracioso”.

Recomienda al príncipe ubicarse cerebralmente y advertir que el amor popular proviene de una mediana virtud y que “la reputación solo se funda en la eficacia de su gobierno, producto de su oficio político”; cierra con broche de oro diciendo que en términos generales,  es preferible que el príncipe más que ser amado “sea respetado y estimado por sus vasallos, por su ingenio y juicio político”.

Recomienda finalmente nombrar “para conservar su reputación, a personas dotadas de meritos, dignas y capaces en los cargos del reino”, pues acepta que es en esto “donde yerran los príncipes” y dice a todos los soberanos que “leyendo varios libros, pueden encontrar ideas positivas tocantes a un buen gobierno, de las formas de los Estados y de otras cosas, que tratan los políticos y de la calidad que siempre debe tener un buen capitán”.

Agrega que también puede beneficiarse “teniendo en su cercanía a hombres de variadas profesiones e inteligencias de las que podrá aprender en pocas palabras, oyendo y discutiendo cosas raras y notables, lo que en las universidades se aprende en muchos meses”. Esto y más dice; en otras entregas concluiré para Usted la síntesis de las ideas fundamentales de Giovanni Botero, en su “Razón de Estado”. Es todo. *Doctorante en Ciencia Política.

Por: Efraín Flores Maldonado.

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