El Hombre Mediocre

El Hombre Mediocre

Por: Efraín Flores Maldonado. *

Giuseppe Ingegneri Tagliavia fue un Ítalo-argentino, mejor conocido como José Ingenieros, quien adquirió justificada fama al publicar en 1913 su libro “El Hombre Mediocre”. Ingenieros nació en Palermo el 24 de abril de 1877. En 1900 se tituló como médico en la universidad de Buenos Aires y en 1908, por oposición obtuvo la catedra de Psicología Experimental en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Sus inquietudes filosóficas y políticas, al final de su vida, lo ubicaron abiertamente como un simpatizante del anarquismo. murió en Buenos Aires, Argentina el 31 de octubre de 1925, contando escasamente 48 años de edad. Su obra “El Hombre Mediocre”, es una extensa e intensa alegoría en favor de los ideales humanos, producto de la inteligencia, de los anhelos por cambiar imperfectas realidades vigentes que contrastan con el voluntarismo y activismo de los seres mediocres. Su obra inicia diciendo que “cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un ideal”. Su texto es un canto esperanzado sobre las expresiones y conquistas que pueden generarse en la activa inteligencia humana. Afirma que el ideal “es hipótesis perfectible… que actúa en función de la vida social…”. Desde su punto de vista, los ideales no son formula muerta porque “influyen en nuestra conducta… son visiones anticipadas de lo venidero… y el instrumento natural del progreso humano”. Con visión milimétrica, Ingenieros asegura que los ideales “son creencias aproximadas acerca de la perfección deseada… son anticipaciones del porvenir”. Para el argentino, los ideales no se petrifican, al contrario, evolucionan “modificados por la imaginación y la experiencia”. Por momentos, el ideal es ilusión que intenta “dirigir la conducta… Los ideales colectivos son coincidencias de infinitos individuos en un mismo afán de perfección”. Para el autor, los tiempos y las geografías atesoran ideales, porque “cada era, siglo o generación puede tener su ideal… el patrimonio de una selecta minoría, cuyo esfuerzo consigue imponerlo a las generaciones siguientes… Los ideales tienen una fuerte carga de fe, dibujada en la posibilidad de perfección”. Desde luego, los ideales en tránsito, adquieren desengaños y certezas y con ellos forman experiencia, aplicada como herramienta para construir nuevas perfecciones. Todo ideal tiene una vigencia y una geografía. Algunos vuelan y se hacen universales; hay ideales que perecen y otros sobreviven, provocando reflexiones y acciones. Por principio el ideal no vive de la añoranza, sino de la esperanza. No nace del pesimismo sino del optimismo, no es pasividad sino persistente actividad. como dice Ingenieros “es una visión remota… expuesta a ser inexacta”, pero también hay momentos y espacios en los que germinan nuevas realidades, si encuentran los climas, horas y momentos para cristalizar. Para Ingenieros “sin ideales seria inexplicable la evolución humana”. Los ideales son faro y camino en la evolución mental de los individuos. José Ingenieros se detiene un poco y advierte que, para los ideales, el camino de su realización, ha sido complejo y desértico. Solo mentalidades de elite los engendran, expresan e impulsan, pero siempre han tenido poderosos agentes que los combaten; dice que históricamente, la principal fuerza enemiga de los ideales y los idealistas ha sido y seguirá siendo… la mediocridad; la que vive en la rutina, la que nada crea, la que no piensa ni hace nada por construir un mundo mejor… Esos son el prototipo del hombre mediocre; los que sienten envidia de la belleza… y de la inteligencia ajena. Es todo. *Doctor en Ciencias de la Educación.

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