Consejos para Políticos

Consejos para Políticos

“Si el enemigo acepta entregar una ciudad, ponle condiciones honorables para que no se sienta derrotado”. Julio Mazarino.

Julio Mazarino nació en Sicilia en el año 1602 y murió en 1661. Fue primer ministro de Francia y desarrollo su actividad política en un ambiente de total hostilidad en su contra. Su inteligencia y habilidad política lo llevo a sortear exitosamente todos los conflictos que se le presentaron y llego a convertirse en el consejero más cercano del Rey Luis XIV quien se autodenomino “el Rey Sol”, porque con su cultura e inteligencia ilumino al continente Europeo.

Las notas que en su actividad política fue escribiendo Mazarino, sirvieron para que un editor las reuniera en un texto al que título “consejos para políticos” y vieron la luz en el año 1684. Mazarino fue conocido y reconocido como un político frontal, directo con sus amigos y enemigos, de tal suerte que algunos lo consideraban un bribón, cínico y lleno de sarcasmos en lo que actuaba, decía y pensaba. En su texto sugiere a los gobernantes no tener colaboradores de origen miserable, “pues cuando se vuelven ricos, desprecian los honores y prefieren los bienes materiales”.

Recomendaba a reyes y príncipes, simular, ignorando los defectos de amigos y enemigos y hacerles creer que reconoce “sus virtudes”. Visionario recomendaba también que todo gobernante que desee cultivar su reputación “debe abstenerse de hacer bromas subidas de tono y de las bufonadas”, advirtiendo que el gobernante que las hace cultiva el desprecio y la burla de quienes lo escuchan. Recomienda sin embargo que todo hombre de poder, debe procurarse el favor de hombres cultos e inteligentes porque puede obtener de ellos “gran provecho de sus consejos.

Cínico y directo recomendaba que a todo mundo abrazara y le dijera “hermano mío… aunque sean inferiores a ti”. Valoraba de manera especial el carácter y la actitud de seguridad en los gobernantes, procurando no dar motivos para que el pueblo los tenga “como ineptos y débiles”. Estar siempre bien informado y además “no entrar en discusiones en los que tenga poca claridad”. También sugería que en sus comparecencias en público, todo príncipe “debe conducirse de modo irreprochable… pues a menudo un mero gesto o palabra equivocada, acaba forjando para siempre una baja reputación”. Cuidar su imagen y presencia y la importancia de su personalidad y por ello “si vas a visitar a alguien prestigiado, no llegues acompañado de quien vaya a ser mejor recibido que tu”. Les recomienda cultivarse y tener una visión destacada de la historia, para que en ciertos casos “puedas exhibir tus conocimientos”.

Ante una evidente debilidad económica del Estado, Mazarino propone “no hacer promesas ni conceder privilegios que afecten la economía del Estado”. Advierte que en un Rey es importante un manejo austero, procurando mantener solo con decoro “tu forma de vestir y de vivir”. En los mensajes a los súbditos “ten el discurso preparado de antemano y por escrito” para no expresar ocurrencias que puedan provocar burlas. En caso de conflictos graves, no improvisar intermediarios con los grupos rebeldes sino valerse “de personas inteligentes, prestigiadas y de buena cuna”. Triunfante en algún conflicto el Rey debe ser prudente, mesurado “sin ultrajar al adversario caído”. Cuidar el honor de su palabra “para que no pierdan la confianza en ti”. Calculador y estratégico, Mazarino dice que en ningún momento el Rey debe “dejarse llevar por la ira, ni por la sed de venganza”, porque en esas actitudes, varios reinos han sido derrumbados.

Recomienda tener como consejeros a hombres contrastantes “uno indulgente y otro impetuoso” y utilizar sus consejos de acuerdo a cada caso, procurando siempre “no hacer, ni decidir nada en estado de euforia”. Sobre todo mirar muy bien que en esos tiempos difíciles, los Reyes necesitan ministros competentes, siendo nocivo “que hoy se prefiera otorgar cargos a los incompetentes y se desprecia a los que se los merecen”. Sugiere que si debe emplear a una persona que no sea de su agrado, “confiarle un puesto que le ponga en peligro, sin dotarlo de los recursos económicos que necesite para desarrollarlo”. Propone de vez en cuando hacer innovaciones en las funciones de su gobierno, porque el pueblo se deslumbra con los nuevos amaneceres.

En momentos de grave conflicto “haz correr el falso rumor de que a los cabecillas de la sedición solo les mueve un oculto interés personal y el ansia de poder y no recibas a varios amotinados para negociar, sino a pocos que vayan como representantes”. Sobre todo en conflictos de extrema explosividad “no te fijes pazos, comprometiéndote a resolver en un tiempo determinado, porque acabaras entrampado”. Esto y más dice Mazarino, pero por hoy es todo. *Doctorante en Ciencia Política.

Por: Efraín Flores Maldonado.

 

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